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Trabajar en Puebla, 1988

 

Trabajar en Puebla. Normalmente no vemos a los obreros industriales. Pasan las horas en la línea de trabajo, en el engranaje de la máquina. Aparecen en los desfiles del 1 de Mayo. Y en las huelgas. Aquí, la memoria de una de ellas, en los años ochenta, la de los constructores del Vocho. La fotografía documenta las guardias a la entrada de la planta sobre la autopista Puebla-México, y es del fotógrafo mexicano Marco Antonio Cruz.

   La revuelta.

 

Septiembre 1988. Insurrección laboral y represión. Testimonios de la crisis por la descomposición del sindicato independiente en el marco de la presión alemana para modificar las reglas del juego de la producción automotriz.    

   Trabaja hace más de diez años en Volkswagen. Se guarda su nombre y puesto de trabajo, pero cuenta algo de lo sucedido el último año: “Todo empezó con el cambio de Comité. La verdad fue como un juego, hubo creo cinco planillas, según iba a ser por eliminación. Al final, y apenas por un poquito, Rodolfo Conteras le ganó a un cuate Navarrete del que se decía que estaba apadrinado por la empresa, eran los rumores, decían que varios de su planilla estaban muy codeados con los licenciados, sobre todo con los de relaciones laborales, pero también con los altos funcionarios como el Lic. Bada o el ingeniero Pérez, el jefe de la Nave 2, donde está el Departamento de Hojalatería.

   “Rodolfo ganó por poca diferencia. Luego, luego dijo que no iba a ver despidos, ni siquiera de los cuates de las planillas que jugaron. Normalmente es un hecho que salen todos, empezando por los del anterior comité, salen los más fuertes, los que pueden ser un peligro para los nuevos, los políticos. Por cierto, yo no sé dónde van a parar, se han de buscar otro trabajo, pero con los antecedentes y por ser de Volkswagen ya no los aceptan, sobre todo si caen en fábricas donde manda la CTM, ahí ni de chiste les dan chamba.

   “Por eso es que todos los que entran a la política saben que a los tres años pelan, y por eso se vuelve en puro robar y robar. Nada menos hasta ahorita no tenemos información de los ingresos sindicales, y entra mucha lana por las cuotas y por la empresa que para deportes, que para el fondo de ahorro, que para la Unidad Social. Y luego, hicieron muchos festejos. Una vez, ya con éste Comité, aparecieron unos cartelones en los relojes checadores y unos cuates de fuera repartieron volantes a la salida, llamaban a una “noche inolvidable” así decían, en la Unidad Social, un show con striptis y la rifa de diez chavas para la famosa noche inolvidable, todo por diez mil pesos el boleto. Se atascó la gente ahí en la Unidad que está en la recta a Cholula, pero a la hora de la hora nomás fueron tres o cuatro chavas y no rifaron a ninguna. Se armó la bronca ahí en el salón. Después decíamos entre nosotros que se suponía que la Unidad era para la familia, y que la estaban convirtiendo en un prostíbulo. La Unidad está a cargo del sindicato, ahí este Comité ha hecho muchas fiestas; trajo a los Xochimilcas, y luego hicieron lo del show con striptis, aunque todo mundo acabó mentándoselas porque no rifaron a las chavas. Pero uno se pregunta ¿Por qué la empresa aceptó que se pegaran los cartelones? Se ve que ya están una y unas, tú me das chance de esto y yo te doy chance de lo otro. Todas esas entradas, ¿Qué hicieron con ese dinero?

   “Así que se empezó a oír que iba a haber despidos: que ya salió fulano, que te acuerdas de aquel cuate de la planilla tal, ya lo pelaron. Primero jalaron a la gente a las planillas, pero después despidieron a los que los ayudaron pero que no iban a tener ningún puesto. Y ya a últimas fechas agarraron parejo. Decían: “Te vamos a pagar un billete más pero ya no necesitamos de tus servicios”. A un chavo que le decían “La Paloma”, que estuvo con la planilla de Navarrete, con 16 años de antigüedad, le dieron 20 millones de pesos, con un 150%. A otros los corrieron con 125 por ciento.

   “A principios de mayo, más o menos, empezaron a correr gente. Mandaban traer de a uno, de a dos, hasta de tres. En Hojalatería jalaron un día con ocho y sólo uno había estado en una planilla, los demás que porque ya no les caían a los jefes, que por rebeldes. Les dijeron que sus servicios ya no eran requeridos, que ya no necesitaban de su mano de obra por cuestiones de producción. Según les iban a dar el 10º por ciento. Pero al mismo tiempo habían llamado a otros ahí mismo en Nave 2, gente del Sedan de Bastidores, de Nave 8, así que se juntaron unos cincuenta, todos de Hojalatería, que tienen fama de ser los que no se dejan. Resultó que los habían escogido los supervisores, que por faltistas, que por mal hechos en su trabajo, que porque no les caían simplemente. Era una lista de indeseables, hecha por Legorreta, Regino, Carlos, Emiliano, puro supervisor de los que traen al trabajador con el pie sobre la cabeza. Por cierto acababa de pasar la huelga. La gente se puso al brinco, ahí mismo en personal. Salieron los licenciados: “No, señores, todo fue un error, pueden seguir trabajando”. Pasó una semana y que vuelven a llamarlos, pero de uno en uno. Les ofrecieron el 100%, y como ellos vieron que el Comité no los defendía, no les quedo otra más que negociar, por eso algunos sacaron arriba de eso. Después, en vacaciones, varios recibieron un telegrama en sus casas para que se presentaran en la planta. Ahí les avisaron que estaban dados de baja.

   “Por eso el descontento. A lo mucho fue un 20% el que renunció voluntariamente. En los baños se empezó a notar: aparecían letreritos que Comité vendido, que Comité ratero, que Hechicero, porque así le dicen al Rodolfo, que qué le haces al dinero, que prometiste que no iba a haber despidos. Así mentadas y todo. Empezaron a aparecer volantes, unos los firmaban como “La escoba”, que para barrer lo malo. Luego salió otro, parece que decía “Conciencia Obrera”. Todos pedían apoyo para destituir a Rodolfo. Así se venía manejando, pero no se veía nada en concreto. Por eso en los baños empezó a ver letreritos que decían ya basta de volantes, hay que pasar a los hechos. Puros rumores en la chamba: que si ya sabes que pa el lunes viene el trancazo contra el Comité. Y luego que el jueves, que había que estar pendiente y nada. Así, la semana pasada se había oído que el lunes, pero no sabíamos nada.

   “Yo me imagino que el Comité cortó el transporte para que no llegáramos a trabajar, porque no hubo camiones, no pasaron. Los madrazos fueron como a las 4:30, dicen todos modos se hizo asamblea, se juntó la mayoría, se juntaron firmas. Los delegados primero no querían, pero al ver a la gente decidida, se sumaron. Luego fuimos caminando hasta el sindicato y después a Gobernación. Ahí dijeron que no podían hacer nada, que eso era laboral, que a lo más podían mandar vigilancia, que pa que no hubiera broncas. En los días pasados se veían combis, con cuates que luego se les ve por la fachita que son pistoleros, ahorita ahí están”.

  

   Y también mordimos a los perros...

 

Por el estrado de la Asamblea General de los trabajadores de Volkswaguen desfilan uno tras otro obreros que narran la violencia sufrida el amanecer del martes: palos, patadas y mordidas, los granaderos y sus perros cumplieron con la tarea encomendada por las autoridades. Operativo al mando del jefe de la policía judicial. Propósito cumplido: desalojar el acceso a la altura de la Aduana, la primera entrada a la empresa Volkswagen si se viene de Puebla. Único inconveniente: los trabajadores del primer turno no entran a trabajar y se suman a sus compañeros golpeados que se Han replegado al otro lado de la autopista.

   Un hombre maduro, sin más datos me llama ya casi al finalizar la Asamblea del miércoles 28 de septiembre. Cuenta las acciones de lo sucedido: “A las cinco para las cinco llegó el ingeniero Rogelio Pérez, jefe del Departamento de Hojalatería o funcionario de allí me parece. Estábamos en la entrada principal de vehículos en la Aduana, de refuerzo de nosotros, en ese punto, de guardia éramos unos cuarenta. Vimos una Combi que se desvió de la Y griega de la autopista, llegó a formarse, nos echó el alumbrado y nosotros empezamos a observar: sentimos que sí venía a algo serio. Se bajó uno y quitó las piedras. De los nuestros unos se estaban calentando en la fogata, otros por ahí pendientes. Habíamos regado unos alambritos de llantas quemadas, esa era nuestra protección de que si llegaba gente pues algo se detenía a maniarse con los alambres, no eran una trampa adecuadamente como ellos lo han relatado, que nosotros agredimos  a las personas de gobernación, eso es mentira.

   “Bueno, llegó esa unidad, nos afocó y se arrimó, ahí reconocí a esa persona, Rogelio Pérez. Le dimos el paso, como estaba bloqueada la entrada a la Aduana se metió por los prados del jardín, directamente para la puerta. Él había quitado las piedras que pusimos de bloqueamiento cuando nos afocó. En el lapso de tres minutos llegó un camión de la ruta de Los Ángeles lleno de patrullas, lleno de garroteros, puros garroteros nada más. Se bajaron, inmediatamente yo corrí a dar la alarma: ‘compañeros están descolgándose los granaderos’. Unos segunditos y una patrulla llega para abrir campo, enseguida llegaron más carros con patrullas. Más o menos como nueve carros, digo, porque todavía estaba medio oscuro. Más atrás llegaron los perros en una camioneta. Organizamos la valla, dijimos no va a ver enfrentamientos.

   “Ellos se formaron en reglamento, los garroteros primero, luego los que train gases, después los judiciales. Al frente el comandante Verdín, se bajó el cierre y sacó una metralleta que traía del lado derecho, de alto poder. Dice: ‘Órale, abran campo, abran cancha’. Y como estaban bien formados los granaderos abrieron la valla, o sea una calle, y habla por radio: ‘Quiten los bozales a los perros. Más al fondo estaban, no oíamos ladridos, pero yo me di cuenta de que habló por radio. Dice: ‘Vamos a correr a todos esos hijos de la chingada que están aquí, son poquitos’. Así dijo. Naturalmente, estamos repartidos, entonces éramos  pocos ahí. Cuando vimos que abren la calle y se dejan venir los perros hacia nosotros. Como hicimos el bloqueo de carros ahí fuimos a topar todos y no hallamos en donde desviarnos. Lo que hicimos fue meternos debajo de los camiones, de panza, para colarnos pal otro lado. Legalmente no pudimos hacer nada, aunque ya llegaban los compañeros a apoyarnos, los perros se nos venían encima. Los traían con cadenas, arrastraban a los policías, eran unos perros potentes me di cuenta, eran como unas siete filas de perros, regados todos. Unos nos mordieron. Otros nos daban vueltas, como para marearnos, enredarnos. Cortábamos ramas, las ramitas de alcanfor esas, no pudimos hacer nada con yerbas, los perros se nos venían encima.

   “Ellos gritaban: ‘Ora sí, hijos de la chingada, se van a ir de aquí cabrones’, así decían los policías, los granaderos y los judiciales. Venían con unas armas cortas unos. ‘Y a ver echen fuego’, gritaban. Pero no teníamos nada, señor. Los primeros camiones que llegaban fueron topados por los polis, no les dio tiempo a los compañeros de salirse, rompieron los cristales y sacaron a la gente. Es mentira que nosotros rompimos los de las patrullas. Luego ya se soltaron a golpear al que agarraban.

   “Es lo que nos lastima... Mire usté lloro, no por miedo, por coraje. Fue ayer eran cinco y cuarto de la mañana, todos gritando de mordidas, y yo, calmado, ya no pudimos hacer nada. Oímos en la radio que nosotros agredimos a los policías... ya mero que dijeran que nosotros mordimos a los perros”.