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Este texto es el capítulo XVIII  de la novela El Faro de Sierra Negra escrita por la novelista veracruzana Alicia Flores (Las Choapas, y que hoy jueves 7 de agosto se presenta en la Sala Lúdica de la Librería Universitaria en el CCU-BUAP. Publicado por Ediciones y Cultura

“El  Faro  de  Sierra  Negra --dice en la sinopsis el editor E y C-- es una novela histórica que arranca del establecimiento del Instituto Nacional de Astrofísica en la cadena montañosa de Sierra Negra, para narrar la vida de Martín Tristchler, un relojero alemán, que llega al país durante los convulsos años que median entre la guerra de Independencia y las libradas con EU y Europa; se establece en Puebla y vive la impunidad con la que naciones poderosas desgarran un esbozo de nación, a la que se disputan como fieras.

Es un relato de guerras  y sitios encarnizados, vividas por un europeo en las agrestes tierras veracruzanas, y el barroco arquitectónico de la ciudad de Puebla, cuya visión se vuelve telescópica por el amor que le despierta una mujer prohibida, quien desarrolla su patriotismo pero amenaza con aniquilar su fe. Es la transformación de un negociante visionario en héroe galardonado por el senado poblano. Y, finalmente es la evolución de un pueblo, a quien el innovador concepto de Patria lo hace estallar en el panorama internacional con mil chispas de luz cual estrella nova, pero amenaza consumir su energía cayendo en agujeros negros.”





Capítulo XVIII

 

Mi ex socio muestra un semblante plácido, lo creo portador de buenas noticias.

  --Felipe!, dime: ¿Cómo te permitieron pasar?

  --Yo también tengo mis influencias; vine a hablar contigo al enterarme de que traspasaste el valor completo de la tienda a Thadeo, ¿Qué te hace creer que él se quedará aquí….después de tu ausencia?

A pesar de mi situación no me agrada el tono.

--Su amor al trabajo y al lugar que tanto nos ha dado, algo que tú nunca entendiste.

--Y tuve razón, ¿o no?, ya ves dónde estás y el destino que te aguarda por enredarte en una guerra que no es tuya, y por involucrarte con un país que no es el nuestro.

--Parece que te alegraras.

--No es para tanto. Por cierto se ha movilizado gente: don Sebastián trajo de Jalapa a varios hacendados amigos de él para pedir por tí –burlonamente añade-  pero dejó a Santa Anna en México esperando otra tunda, en fin…lo que quiero decirte es que Thadeo me enseñó esa carta que pretendes hacer pasar por testamento: necesita certificarse ante notario, así no tiene validez.

--La tiene puesto que es de mi puño y letra, además de ser mi único pariente.

--¿Y esa Adoración de Jesús a quien le dejas la casa de la Alameda? , ¿es alguna monja?

La sangre se detiene en mis venas un segundo.

--No, sólo es una amiga, pero no quiero mezclarla en esto.

--Pues déjame decirte que es fuerte sospechosa, ¿quién le manda ser amiga de un espía prisionero y tener una imprenta?

Me quedo pasmado… ¿Cómo ha obtenido tal información?

--Felipe escúchame: te suplico que no pronuncies su nombre aquí, no quiero que la relacionen conmigo.

--Hasta que algo te conmueve ¿eh?, aquí dicen: “gallina vieja hace buen caldo” – en el rostro ve mis intenciones de silenciarlo a golpes--,  ¡tú siempre tan caballero!, cuando pienso que recién nos conocimos me admirabas…después me juzgaste vicioso, mercenario, corrupto…

--Nunca te he considerado un corrupto, débil, tal vez.

--¿No? Entonces ¿porque me tratas con tanto desprecio?, ¿por qué creíste lo que te contó el sr. Mier, y no me pediste que te lo explicara?

Ni idea de qué habla, permanezco en silencio.

--Entre Manuel y yo nunca hubo nada…tú sabes, en Francia los amigos se dan la bienvenida con un beso;  pero en este país de cavernícolas cualquier cercanía amistosa es tomado como amaneramiento…

Su bello rostro se llena súbitamente de lágrimas y su mano busca la mía, reacciono instintivamente rechazándolo. 

--O perversión.

--¡Vamos Martín!, no me digas que eres tan puro, hasta que esa…impresora te tomó la medida, tú no habías dado luz acerca de tu verdadera inclinación.

--¡Basta Felipe!, no soporto tu presencia, ya estoy juzgado y sentenciado, no hay nada que me obligue a soportarte: dime a que has venido y vete.

Ante mis ojos se verifica una transformación maligna: aquellos ojos verdes almendrados siguen cubiertos de lágrimas, pero ahora relampaguean con destellos luciferinos.

--Quiero la relojería a mi nombre.

--¿Y si me niego?

--Declararé que tu hermano fue cómplice de tus actos y que esa mujer imprimió los volantes.

No le demuestro mi temor.

--¿Quién le creerá a un extranjero disoluto?, tu palabra no vale nada.

--Te equivocas Martín Tritschler, ¿qué ironía ¿no?, para los sucios mexicanos yo seré el hermano negro, pero mi raza me aprecia: soy parte de la Mexican spy army y gracias a mis pesquisas sé todos tus enredos con esa viuda promiscua: dueña de una prensa en el Alto  y cantante de iglesia, ¡una joyita!, no callaré si no me adjudicas la relojería. Y decídete de una vez porque no queda mucho tiempo.

Ahora sí estoy a la orilla del abismo ¿despojar a  mi hermano y a Dori o dejarlos a merced de sus maquinaciones?, pero también… ¿Quién me garantiza que si firmo esa acta cumplirá el trato?, nada mejor para deshacerse de ellos que denunciarlos como lo ha hecho conmigo, tengo que ganar tiempo.

--Lo haré: llama a un notario para que prepare el acta y dos testigos.

--Dijiste que un manuscrito tiene la misma validez, sólo ponle la fecha de hoy… No mejor la del 18, así nadie podrá presentar otra alegando que es la última… ya lo sabes ¿no?, el 19 a las 7 de la mañana serás hombre muerto.

Alicia Flores y El Faro Sierra Negra