• Autobiografía de un colmoyote (Alicia Mastretta Yanes)
  • 11 Abril 2013
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Autobiografía de un colmoyote (Alicia Mastretta Yanes)

V

Lo cierto es que el que yo infectara a esa bióloga tuvo varias consecuencias que desviaron mi historia de la del común de mi especie. La primera es que mi hospedera estuvo consciente de mi presencia a los pocos días. Sintió mis primeros bocados, un par de minúsculas mordidas, como piquetes de mosquito en el interior de la piel,  pero no sólo detectó el dolor (todos los hospederos nos sienten en algún punto), sino que supo que se trataba de un colmoyote con la certeza de quién ha tenido uno antes y de quién sabe la biología de lo que somos.

La segunda consecuencia es que ella sabía cómo deshacerse de mí: cubriendo con cinta de aislar el minúsculo orificio por el que yo, un animal que requiere oxígeno para respirar, intercambiaba gases entre mi mundo bajo su piel y la atmósfera. Ella sabía que si tapaba este preciado orificio yo me hubiera comenzado a asfixiar; que en un intento por respirar mejor hubiera posicionado mi cuerpo con la cabeza hacia fuera, soltando los ganchos que de otro modo rasgarían el tejido si el hospedero me intentaba exprimir; y que a las pocas horas yo hubiera muerto y ella hubiera podido retirar mi cadáver al presionar un poco su piel. Ridículas las intervenciones quirúrgicas a las que se someten los turistas.

Mi hospedera sabía cómo matarme. Como lo había hecho ya en el pasado con otros colmoyotes que tuvieron a bien instalarse en su cuello, en su omóplato e incluso cerca de su ojo izquierdo. Mi hospedera podría haberme extirpado como lo hizo con mis dos hermanos, el uno más cerca del hueso de lo que yo estaba y el otro cerca del músculo que se pliega al descansar el brazo. Así pues la tercera consecuencia es que mi hospedera decidió quedarse conmigo. Y tener una larva de Dermatobia hominis en su brazo hasta que se completara la parte parásita de su ciclo de vida. 



Fotografía: Alicia Mastretta Yanes

 VI 

Yo soy un colmoyote y no me enteré de la muerte de mis hermanos ni de las decisiones de mi hospedera. Tampoco me cuestioné cómo y porqué la curiosidad humana puede llevar a uno de sus individuos mantener de forma voluntaria a un organismo biontófago en su cuerpo. Eso es algo que ni trato de entender ni me importa. Mi conciencia se concentraba en hacer lo que la definición de biontófago dicta: alimentarme de los tejidos vivos de mi hospedero.

Y así lo hice durante los días de mi estadio de larva uno. Después mis glándulas protorácicas secretaron ecdisona, la hormona de la muda. Llegó así un momento importante en mi vida: salir por primera vez de mi exoesqueleto, romperlo, desecharlo como si fuera una cáscara e incrementar el volumen de mi cuerpo durante breves horas. Ecdisis es la forma en que los colmoyotes (y el resto de los insectos) aumentamos de tamaño, el proceso con el que solventamos el que la capa de quitina que nos cubre, que nos da consistencia y soporte,  no crezca de forma continua.

Así pues lo que antes cubría mi cuerpo era ahora una exhubia que debía ser descartada. Mi hospedera (que se dice bióloga) la confundió con mi cadáver: creyó que yo había muerto sin explicación alguna y comenzó a tratar de sacar los restos. No me fue grato lidiar con sus intromisiones y sus desinfectantes, pero no pudo quitarme de su interior, los ganchos de mi cuerpo se sujetaron a su tejido y yo me aferré a la vida.

La herida se infectó un poco. Nada demasiado grave. Dolor e inflamaciones locales en el brazo de mi hospedera que se detuvieron cuando sospechó que yo seguía ahí y decidió darme unos días de gracia antes de tomar la decisión de someterse a una curación seria. Debía ser el 13 de junio. Una semana después, ya sin sus ataques, yo tenía la casa de vuelta en orden.

VII

Los seres vivos somos pasajeros en un pedazo de roca a la deriva por el Universo, atados junto con ella al elíptico rodeo con el que los humanos llevan la cuenta de los años. Con la misma falta de control sobre el movimiento de mi hospedera yo viajé al Distrito Federal y a Puebla, luego de regreso a Chiapas y otra vez a la capital y a la ciudad de los volcanes en más ocasiones de las que mi memoria me deja contar. 

Mi hospedera siguió con su vida y yo me desarrollé como lo hubiera echo en otro mamífero. Una relación de parasitismo en la que el daño al hospedero no es mortal. Un tipo más en la enorme lista de interacciones entre seres vivos. Por ejemplo el cuerpo de mi hospedera es hogar también de microorganismos comensales que se benefician sin causarle daño, y de microorganismos simbiontes, que no solo no la perjudican sino que la favorecen. Criaturas con su propio ADN y su propio ciclo de vida que habitan en órganos y tejidos animales como si fueran bosques o lagos. Una microbiota enorme, tanto que en el cuerpo de mi hospedera (como en el de todos los humanos) hay más células de bacterias que células humanas. Me pregunto por eso si será posible condenar a alguien a la soledad verdadera.

 VIII 

Pasé de ser una traslúcida y milimétrica criatura a un ser amarillo rosando el centímetro de longitud. Mi mundo era el agujero en su piel, pero ya no el minúsculo espacio del principio, ya no un punto apenas detectable: ahora era un orificio de un milímetro, obvio a la vista humana. Un espacio que creció junto conmigo y la dirección de mis mordidas. Una herida abierta en el cuerpo de mi hospedera que sin embargo no sangraba y que yo me di a la tarea de mantener limpia al proyectar mis excretas y otros desechos hacia fuera, en la forma de un escurrimiento por su brazo unas cuántas veces al día. 

Fotografía: Alicia Mastretta Yanes

¿Que si tal atención higiénica era más bien conveniente para mí ya que me alimento de tejido vivo y sano, no necrosado ni infectado? ¿Qué si los colmoyotes producimos algún antibiótico o sólo dejamos trabajar al sistema inmune del hospedero? No lo sé, de alguien será el tema de tesis estudiar si los colmoyotes hacemos algo para mantener saludable la herida que habitamos, hasta entonces mi caso será solo una anécdota aislada sin valor estadístico ni un mecanismo que la explique.


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