• Autobiografía de un colmoyote (Alicia Mastretta Yanes)
  • 11 Abril 2013
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Autobiografía de un colmoyote (Alicia Mastretta Yanes)

“Los seres vivos somos pasajeros en un pedazo de roca a la deriva por el universo”, dice el narrador de esta autobiografía de una mosca de la selva lacandona hospedada como larva en un ejemplar femenino de la especie Homo sapiens. Así de simple y fría puede ser la lectura de la vida desde la perspectiva de un insecto. Es la sabiduría genética que se remonta a los primeros tiempos de los mamíferos, hace más de sesenta y cinco millones de años. Es la sabiduría que explica la existencia misma de la selva, con sus ceibas gigantescas y sus guacamayas luminosas.

Esta historia narra la vida de un colmoyote y su breve paso por la tierra. Es la narración estricta de un hecho de sobrevivencia natural, severa en su documentación y contundente en su propósito final: recordarnos a los humanos que como los insectos, somos “un elemento más enlazado a la misma red de interacciones que el resto de los seres vivos que formamos la biósfera”.

La vida en su complejidad extrema en la existencia breve de una mosca.

La versión del hospedero --una joven bióloga mexicana-- puede leerse en el blog Historias desde el biogalón.

http://ticatla.blogspot.mx/2010/06/dario-de-mi-colmoyote-y-yo-i-primeras.html

 

Mi vida parásita: autobiografía de un colmoyote

Por Paquito o Paquita, el o la colmoyote


I

 

Soy un colmoyote. Dermatobia hominis según el sistema binomial que inventó Lineo. Un díptero dentro de la clase de los insectos, un miembro de la familia Oestridae dentro del orden de los dípteros, una especie del género Dermatobia dentro de la familia Oestridae. Una mosca que de larva vive dentro de la piel de un mamífero, que se alimenta de sus tejidos y que crece hasta que llega el momento de la metamorfosis. Soy un colmoyote y ésta es la historia de mi vida parásita en una humana, Homo sapiens según el sistema binomial que inventó Lineo.

II 

 

 Mi madre, una mosca hembra, y mi padre, una mosca macho, nacieron en la Selva Lacandona, México. En el estado de Chiapas esquina con Guatemala, uno de los últimos rincones del mundo donde aún existe la selva alta perennifolia.



Fotografía: Javier De la Maza

Ésta es una tierra donde las ceibas tienen varios metros de diámetro y el sotobosque es oscuro de tan espeso que es el dosel, donde los jaguares se mueven en silencio, donde los tapires dejan huellas de tres dedos en el fango fresco, donde el cielo azul se cae en aguaceros, donde el aullido de los monos saraguatos aumenta la densidad del aire y donde en un solo árbol pueden habitar más especies de animales que en toda Inglaterra. 



Fotografía: Alicia Mastretta Yanes

Este es un rincón del mundo donde hay también colmoyotes, como los ha habido desde varios millones de años, y biólogos, como los ha habido desde que la profesión se enseña en el país. 

La vasta biodiversidad de la Selva Lacandona se conecta en un aún más extenso tejido de interacciones. Este es un ecosistema que produce oxígeno, que fabrica agua, que transforma el dióxido de carbono atmosférico en materia viva, que genera su propio clima y regula el de las regiones adyacentes, que alimenta al río Lacantún con los nutrientes que escurren hasta las costas y sus pesquerías. 



Fotografía: Alicia Mastretta Yanes

Mi especie, sin embargo, se distribuye más allá de la Selva Lacandona, en todas las selvas desde aquí hasta Suramérica. Y ahí, en ese neotropical territorio nuestro, los colmoyotes nacemos, crecemos y nos reproducimos como lo hicieron mis padres.


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